- Querida, ¿Qué es lo que te pasa?
- ¡Oh! Si alguien supiera... mi vida se está tornando aburrida.
- ¿Es que acaso aquí no gozas cuando, por ejemplo, soy torturado por MIGUEL y al mismo tiempo te como el coxis? ¿Es la Inquisición la que te inquieta y te revuelve la vulba pidiéndote que te desangres? ¿O son tus fieles adoradores? ¿Debería yo parar la hemorragia que te brota de los oídos y está llenando este lugar de sangre?
- No, deberías tomar toda la que sea aprovechable y con el resto pintar un retrato: quiero que ese retrato sea el de un niño de unos cuatro años, como aquél pequeñin que violaste e hiciste morir desangrado en el bosque cuando festejamos nuestro quíntuple Dommedagssalme. Esa criatura pervertida (Y no perversa) debe estar en cuatro patas como un perro, y la cabeza reposada muy suavemente en una piedra de un tamaño considerable, esperando el hacha del verdugo. Pero por favor querido, quiero que ese verdugo, y te lo pido como deseo final antes de que estas terribles convulsiones acaben con mi cuerpo, que el verdugo sea una niña con una masa, o algún tipo de martillo de cabeza grande, y cuéntale a tus pastores que luego cuando el Sol pintó todo el bosque y los cielos de rojo, aquella niña dejó caer pesadamente la masa sobre la cabecita del indefenso nene. Quiero también que les cuentes la historia del Boy Scout, y aquí me muero.
Brian und der Skout Boeër:
7 de la tarde. Hace ya 12 días que Brian está perdido en el bosque y sus 61 años le pesan en todo el cuerpo, y esa comida que el lugar le viene negando lo está desintegrando. Ni siquiera tuvo la suerte de cruzarse con algún tipo de arroyo, o por lo menos un charco de agua. Nada. Exhausto, lo único que desea es morir; por inercia sigue caminando y sin darse cuenta está en una ruta. Se desploma, ya sin fuerzas, y se queda dormido, desmayado, muerto.
- Mi nombre es Scott de Boeër, y usted se viene conmigo.
Alguien acaba de darle una órden y esa misma persona carga a Brian en sus hombros y lo deposita en la caja trasera de una camioneta. Ahora de repente Brian se encuentra sentado a una mesa, comiendo un guiso, bañado, pero terriblemente cansado.
- Mi nombre es Scott de Boeër, y usted se vino conmigo. Lo encontré tirado en la ruta y no respondía, sólo miraba, y no me pudo decir nada. Por lo que pude ver de su cuerpo- aquí el tal Scott hacía una pausa y era como si sus ojos se relamieran pensando en "cuerpo", o en lo desnutrido y demacrado que se encontraba Brian- vsted se encontraba en pésimo estado, así que decidí traerlo. Pensé que podía llegar a morirse. Por cierto, mi nombre es Scott... de Boeër. Recuérdelo, le será útil.
A veces De Boeër acentuaba de una manera un tanto extraña las palabras, y esto inquietaba a Brian, pero la inquietud no llegaba a ser completa; el funcionamiento de su cabeza y sus músculos no era el mejor, y millones de ideas le revolvían la mente pero sin llegar a hilar siquiera el principio de cada una. Todo era demasiado perturbante y Brian seguía con ganas de morirse.
- Muchas gracias señor De Boeër pero, ¿No tendría vd. un lugar para dormirse/morirse?
Brian no sabía si había dicho dormir o morir, y la ahora inexpresiva (Incluso como si no escuchara) cara de Scott no lo ayudaba en lo más mínimo. Se hizo un largo silencio, durante el cual De Boeër parecía consultar con la ventana y los árboles de afuera si es que había un lugar para morir, o dormir, y mientras tanto Brian seguía con sus millones de ideas en la cabeza, de cómo había llegado acá, si era verdadera la historia de De Boeër, y por qué habría de ser mentira, y dónde estará mi hacha,
- ¿Puede vd. tranquilizarse?- de Boeër señalaba con sus ojos al débil Brian - entre sus respiraciones, y las mierdas que dice en voz alta, me arrepiento de haberlo traído conmigo. Debería, sin más, haberlo dejado morir donde estaba, ¿No le parece? O tal vez haberme devorado su hígado, si es que aún lo tiene, jaja, mientras le arrancaba los ojos y luego de unirlos con una vara los usaba como supositorio. Vamos, hombre, que todo esto es broma, parece vd muy perturbado. En fin, lo dejaré ir a dormir, o a morir si quiere - esto lo acompañó de un guiño, pero Brian ya no sabía si estaba alucinando, si todo era real, o qué era lo que pasaba ahí adentro, ¿Habría dicho a propósito lo de morir? ¿Lo habrá dicho realmente o es todo imaginación mía?- pero antes tengo que cumplir una tradición. Como vd verá... ¿Le he dicho ya que mi nombre es Scott de Boeër y que yo lo traje aquí no? No me diga nada, con su cara me alcanza, si es que a eso se le puede llamar cara... en fin, no es que yo me olvide de las cosas, simplemente que hace mucho que no tengo contacto con ninguna persona, y esto de hablar... no sé, ¿Vd. realmente piensa que debo callarme? Podría usted salir corriendo si lo desea... ¡Ah! Se me olvidaba... vd no puede correr, ¿O sí? Haga la prueba...
De Boeër se levantó pacíficamente de la mesa, como si antes no hubiera dicho nada, y esto atormentaba aún más a Brian. Que si habrá dicho o no, quizás haya estado callado siempre y todo sea mi imaginación, y ahora ¿a dónde va? Esto yo no lo entiendo.
- Mire, esto era lo que le quería mostrar.
Scott había ido a buscar una pequeña caja, arriba de la chimenea, y mientras la abría con una delicadeza y admiración de otro mundo, le comentaba:
- Como vd. habrá podido observar, yo siempre fui Boy Scout.
Abrió sus enormes brazos como si fuera a abrazar a dos osos juntos, y esto fue la entrada para que Brian pudiera apreciar que absolutamente todas las paredes e incluso algunas partes del techo estaban cubiertas con trofeos, cuadros, corbatas, pañuelos, uniformes, insignias, medallas, todo referido a los Boy Scout.
- Siempre fui Boy Scout y la tradición así lo indica: ingrese usted esto en su nariz, por favor.
Le acercó la caja, que adentro tenía un polvo de un color blanco finísimo. Destilaba una suave y casi imperceptible aroma que Brian no podía definir y quizás De Boeër tampoco.
Brian se negó:
- ¿Usted intenta drogarme? ¿Qué tiene que ver esto con los malditos Boy Scout?
Esta vez no sabía si había dicho o no malditos, pero por la cara de Scott quizás sí. O tal vez su ofensa fuera porque se había negado a la tradición. No pensó más e insistió:
- Déme por favor un lugar para dormir.
Sin mediar palabras, Scott se levantó y lo condujo hasta un colchón que estaba tirado en el altillo de la cabaña.
- Que duerma usted bien, y por si aún no me he presentado, mi nombre es Scott De Boeër y soy boy scout.
Brian no respondió y se dejó caer en el colchón.
- Querida... ¿Ya te has muerto? No parece que respires, ni que me estés prestando atención. Quizás esta sea la última vez que te cuento la historia del Boy Scout. Ya sábes cómo termina... ese perverso desflora el ano ardiente del indefenso Brian, así como lo hice yo con tu niño del quinto Dommedagssalme, así como hemos hecho cientos y miles de veces querida. Espero que tu muerte sea tan dolorosa como la mía. Te amo.
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16 comentarios:
GRACIAS POR LA MIERDA JUAN GRACIAS
HAY OLORCITO A WERMATCH
Jhony tolengo an the fatal boys... al igual que gonzalez.. gracias por la mierda!
LOS PIBES!!
jjajaja, me re kabe tu blog
visita el mio, tal vez te guste
saludos!
http://altodejavu.blogspot.com/
http://altodejavu.blogspot.com/
esta es la pagina de jesus y la vagancia.
jesus.
las mas rica
y mas barata
son todos unos locos de mierda..nose merecen vivir...ojala los pise un scania y los entierren en el patio de la gente
legalize ja legalize ja
si daniela maturana tambien la quieré fumar
paisano maricon
hola, quisiera preguntarte donde conseguis droga gratis? avisame , saludos y abrazo de gol!
Te felicito loco. Me transportaste en un viaje mental a la primavera de 1985.
Quiero mas... para cuando
Es la hora!!
Recien lei un comentario que dejaste en un foro de callejeros en el que mencionas a un chabon de unos 50 años, y la descripcion concuerda perfectamente con uno que conozco de mi laburo... y tengo fotos del chabon a ver si lo reconoces... dejame q busco y me pego una vuelta en estos dias...
eselente mussachio!
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